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Demencia

La demencia es la principal causa de incapacidad en la tercera edad a largo plazo, y afecta al 2% de las personas a partir de los 65-70 años y al 20% de los mayores de 80. Suele comenzar con pequeñas alteraciones de la memoria.

¿Qué es la demencia?

La demencia es un deterioro crónico de al menos tres funciones superiores (al inicio, ya que finalmente suele alterar todas las funciones intelectuales), adquirido (principal diferencia con el retraso mental, ya que este suele presentarse desde la niñez), y con un nivel de conciencia y atención normales (a diferencia del delirium, en el que hay disminución del nivel de conciencia). Dicho de otra forma, se trata de una pérdida progresiva de memoria y del resto de funciones cognitivas, preservando el nivel de conciencia, pero con una evidente desadaptación del individuo a su entorno. El diagnóstico suele darse cuando el paciente lleva unos tres meses presentando un conjunto de signos y síntomas que responden a estas alteraciones.

Las demencias comprometen facultades intelectuales de los afectados como el lenguaje, la memoria y la destreza visuoespacial, así como su capacidad emocional y su personalidad. El deterioro cognitivo leve puede preceder en muchos casos a la demencia, progresando en torno a un 10% anual de una situación leve a la instauración de una demencia.

La forma más común de demencia es la enfermedad de Alzheimer, que constituye alrededor de un 70% de todas las demencias.

La demencia es un trastorno relacionado íntimamente con la edad. Afecta al 2% de las personas a partir de los 65-70 años, y al 20% de los mayores de 80 años. Es la principal causa de incapacidad a largo plazo en la tercera edad, lo que supone un importante problema de salud pública, teniendo en cuenta el incremento de la esperanza de vida en las sociedades desarrolladas. Esto ha hecho que su prevalencia sea superior a épocas pasadas, pues la población anciana supera en cifras a la de hace medio siglo. Actualmente más de 47 millones de personas en el mundo padecen algún tipo de demencia, con un aumento de más de 7 millones de nuevos casos por año. Para 2050 se estima que esta cifra supere los 130 millones.

En cuanto al género, parece que la forma alzhéimer va ligeramente más ligada al sexo femenino, mientras que otros tipos de demencia, como la vascular es algo más frecuente en varones.

Su tratamiento en la mayoría de los casos radica en el control de los síntomas y en terapias cognitivas y de conducta, dado que no existe una terapia curativa actualmente ni una prevención bien establecida de la mayoría de los tipos de demencia.

Diagnóstico de una demencia.

El diagnóstico de demencia es principalmente clínico: es fundamental que el médico elabore una completa historia clínica, e indague sobre los posibles antecedentes familiares.

La mayoría de las demencias se deben a procesos degenerativos, pero la pérdida de masa cerebral (atrofia cerebral) no es sinónimo de demencia.

Se han desarrollado muchos test para valorar el deterioro cognitivo, y actualmente el que más se usa es el minimental test, que de forma rápida permite valorar la memoria, la orientación temporo-espacial, el lenguaje, la escritura, la lectura, el cálculo, y las acciones visuoespaciales e ideomotoras. Se puntúa de 0 a 30 puntos, considerándose normal de 27 a 30 puntos, y demencia por debajo de los 24 puntos. Otro test empleado de similares características es el test de Montreal, con algo más de validez a la hora de evaluar estadios iniciales de la demencia.

La pérdida de memoria es el signo temprano más habitual, pero suele achacarse a la edad o se infravalora su importancia, por lo que desde el comienzo de los síntomas hasta que el paciente es diagnosticado a veces llegan a transcurrir hasta dos años. Los familiares suelen ser los primeros en detectar que existe un problema, por eso es recomendable que consulten con un especialista si observan algún comportamiento sospechoso en sus seres queridos.

Desde el punto de vista analítico, en el estudio de demencia está recomendado la determinación de los niveles de vitamina B12 y de hormonas tiroideas, con el fin de asegurar la detección de causas potencialmente tratables de demencia. En los casos en los que haya sospecha de haber tenido contacto con infecciones del tipo sífilis es recomendable la determinación de anticuerpos. Asimismo, cuando la persona con demencia sea menor de 65 años –forma atípica– se considerarán otras pruebas como la punción lumbar, serologías para algunas infecciones y el electroencefalograma.

Aunque en algunos casos de demencia alzhéimer se relaciona directamente la enfermedad con la expresión de apolipoproteina E en el alelo 4, su determinación no se puede realizar en todos los centros ni tampoco forma parte de una recomendación universal. Tan solo se determina en el seno de algunos ensayos científicos.

En otros casos puede ser recomendable la realización de pruebas de imagen. El TAC o la resonancia pueden tener utilidad sobre todo para descartar otras causas de demencia, por ejemplo tumores del lóbulo frontal, o infecciones o infartos cerebrales. Algunas más novedosas como el PET (tomografía por emisión de positrones) o el SPECT (tomografía por emisión de fotón único) aportan información en el caso de las demencias frontotemporales o aquellas por cuerpos de Lewy.

 

Fuente:  https://www.webconsultas.com/demencia/demencia-2179

 




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